Alexander McQueen


Alexander McQueen

Al fin de la batalla, 

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre 

y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Se le acercaron dos y repitiéronle:

«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, 

clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Le rodearon millones de individuos, 

con un ruego común: «¡Quédate hermano!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 
Entonces todos los hombres de la tierra 

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; 

incorporóse lentamente, 

abrazó al primer hombre; echóse a andar…

Cesar Vallejo
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